Ayer fue el turno de las mujeres, hoy toca el turno de los hombres. En el Evangelio de este Martes Santo escuchamos una parte de la narración de La Última Cena según el evangelio de Juan. El próximo jueves escucharemos propiamente el lavatorio de pies, pero hoy la liturgia nos propone la segunda parte que se concentra en la traición de Judas, además de la mención del Discípulo Amado (que es el mismo Juan), y más delante la de Simón Pedro.
Es importante que reflexionemos y que tratemos de descubrir lo que estos últimos 2 apóstoles en su relación con Jesús pueden ayudarnos a vivir nuestra espiritualidad en estos días de Semana Santa.
¿Por qué el Evangelista quiso situar la figura del Discípulo Amado hasta La Última Cena?
En todo el Evangelio de Juan podemos ver que la figura del Discípulo Amado es importantísima. Es el mismo Evangelista narrando en primera persona su cercanía con Jesús. Pero a pesar de que el Discípulo Amado estuvo desde el comienzo de la vida apostólica de Jesús, no aparece sino a este momento.
Sí, claramente la etiqueta de “Discípulo Amado” tiene que ver con con lo que es descrito en Juan 13,1:
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Juan 13,1
Jesús amaba a todos sus discípulos desde el comienzo pero hay una expresión de amor en este momento que es como la aurora del comienzo de su Pasión; porque su Pasión misma es un don de amor hacia su Padre:
Así tiene que ser, para que el mundo sepa que yo amo al Padre y que hago lo que él me ha mandado.
Juan 14,31
Pero la mención “Discípulo Amado” viene con el gesto de reclinarse sobre el pecho de Jesús para preguntarle sobre la identidad del traidor (13,25). Así el Discípulo Amado aparece en confrontación e incluso en contradicción con la figura del discípulo traidor. Por un lado, el Discípulo Amado se reclina sobre el pecho de Jesús, y por el otro, más adelante, el discípulo traidor sale, se aleja de Jesús. Sale del lugar durante la noche (13,30).
Aparece luego también la figura de Simón Pedro muy importante para el Evangelio de hoy; ya estaba presente al comienzo cuando pide al Discípulo Amado (puesto que éste estaba en una posición en la mesa más cercana a Jesús) que le pregunte sobre la identidad del discípulo traidor. Pero más adelante (13,36s) Pedro va a insistirle a Jesús que está dispuesto a dar su vida por Él. Jesús lo único que puede hacer es asegurarle que más adelante lo va a negar 3 veces (13,38).
En medio de todas estas discusiones aparece un detalle lleno de ternura: Jesús llamando a sus discípulos “hijos míos” (13,33).
Yo te invito a que tomes un momento hoy y te hagas las siguientes preguntas reflexionando en estos 3 discípulos: Juan, Simón Pedro y Judas Iscariote.
- ¿Que tienen en particular en su relación con Jesús?
Toma tu biblia y un cuaderno para hacer una pequeña lista de las cualidades de estos 3 discípulos en su relación con Jesús.
Además pregúntate:
- ¿Cómo pudieras también identificarte como “Discípula Amada” de Jesús en estos momentos cruciales de su vida?
- ¿No será acaso que Él, acercándose cada vez más a su Pasión, necesita la presencia de discípulos y discípulas amadas?
- ¿Qué es lo que la presencia del Discípulo Amado aporta a Jesús?
Y con ello, pregunta al mismo Jesús:
- ¿Qué es lo que me falta para sentirme amada(o) en mi proceso de relación personal contigo?






