¿Te ha pasado que no escuchas la voz de Dios ni logras distinguir su voluntad, sus deseos para tu vida?
Hay temporadas en la vida que no logramos escuchar la voz de Dios, ni alcanzamos a discernir su voluntad, sus deseos para nuestra vida.
Le llevaron a Jesús a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!" (que quiere decir "¡Ábrete!"). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.
MARCOS 7, 32-35
Muchas veces sucede que estamos inmersas en un mar de ruidos: notificaciones, videos, noticias, opiniones, exceso de información… y nos apartamos de la oración pensando que no es urgente o la dejamos “para cuando tengamos tiempo…”
Y es justamente a través de la oración que aprendemos a distinguir la voz de Dios, poco a poco, en lo sencillo, en lo que vivimos diariamente.
Separa en tu día unos minutos para orar y date la oportunidad de estar sola frente a Jesús, apartados de la multitud. Dispón el corazón y el momento para que Jesús destape tus oídos y puedas escuchar su voz.
Te invito a leer los Evangelios 📖 todos los días, aunque empieces por 10 minutos al día, aunque al principio no entiendas mucho o no logres concentrarte… Verás que un día descubres el mundo como el lugar donde todo te habla de Dios, donde todo tiene un mensaje especial para ti. Descubrirás que Él te sonríe con todos los detalles que vives, te dice que te ayuda y acompaña.
Y tu vida se vuelve un constante diálogo con Él.
Solo la voz de Jesús trae paz, verdad y amor a tu alma. Decídete por Él.






