A veces nos pasa: algo nos toca el corazón —una serie, una canción, una escena bien lograda— y sentimos que ahí ya encontramos “todo” nos mueve algo dentro y nos emocionamos. Producciones como The Chosen, la Pasión de Cristo, una canción de Hakuna, una pintura, o incluso una buena predicación pueden abrirnos una puerta real hacia Dios pues son inspirados por el Espíritu Santo. Y eso es valioso y emocionante.
Pero no son la meta, hay mucho más.
El arte, por más bello que sea (sí, incluso las obras de Miguel Ángel) es una es una representación artística, es decir una expresión de algo que sucede dentro del alma de un artista en su encuentro con Dios… no son documentales, ni narraciones históricas. Son representaciones desde el punto de vista de un artista y su equipo de producción. Es el artista contándonos acerca de Dios de una forma bella y verdadera.
El riesgo es quedarnos con esto que nos dicen de Dios, con la experiencia de otros.
Cuando algo nos conmueve profundamente, no debería detenernos, sino impulsarnos. Si una escena te hizo llorar, pregúntate: ¿qué hay detrás de eso? Si una canción te estremeció, ¿de dónde nace esa verdad que percibiste? Todo buen arte espiritual tiene una intención: llevarte más allá, llevarte a Dios. Los productores de The Chosen no la crearon para que creas en el Jesús que te presentan, sino que te cuentan quien es, cómo es, para que te den ganas de ir a la fuente: al encuentro personal con Él.
El Evangelio no es una recreación artística, sino un encuentro directo con Jesús, quien es la Palabra viva y que da vida. En el evangelio no escuchas lo que alguien más entendió de Jesús… sino que tú lo escuchas y entras en diálogo con Él, platicas con Él.
Y ese encuentro es el que transforma el alma, es la gracia de la presencia de Jesús. Cuando empiezas a leer tu biblia con calma, a orar con ella, a dejar que te confronte y te consuele, descubres que la experiencia es más profunda que cualquier serie o canción. Más íntima. Más transformadora. No depende de iluminación, música de fondo ni actuaciones. Es personal, da estructura a tu vida.
Ahí nadie te está contando de Jesús ¡Está presente y habla contigo!
El arte puede encender la chispa, puede despertar hambre, curiosidad, sed. Pero no la sacia. Esa sed solo se calma en el encuentro directo, diario y real.
Por eso, no te quedes en lo que te emociona. Ve hacia quien te llama a través de eso.
Lee el evangelio todos los días, platica con Jesús, escúchalo y deja que ese encuentro transforme tu alma.
Verás que aquello que te conmovía en una pantalla o en una canción… se vuelve pequeño comparado con lo que empieza a suceder dentro de ti.
Si no sabes por dónde empezar te invito a leer juntas, por completo, los 4 evangelios, y reflexionar con ellos por 30 días en el curso Hacia el corazón de Jesús.
Hacia el Corazón de Jesús
Comienza a leer la biblia con confianza y maravíllate al conocer de cerca a Jesús.







